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sábado, 10 de agosto de 2013

Un poco acá, otro poco alla

Silencio.
A medida que pasa, el tiempo nos va encerrando en burbujas, sin aire para respirar.
A pesar de todo, lo preferimos. Es hijo de nuestros miedos.
Miedo al otro, a poder preocuparnos demasiado por eso que esta ahí afuera, en un silencio que amenaza pero que también nos espera.

Contestamos al silencio con silencio, y así nos vamos pasando la soga por las muñecas y las piernas hasta atarnos.
Caemos en la impotencia mas triste, cada dia mas lejos de la realidad. Frios.
Es que muchas veces las palabras golpean y lastiman. El silencio es mas sutil y manso.

¿Tengo miedo? ¡Por supuesto!
A ser poco, a hundirme en las criticas, pero esto es lo único que soy. No puedo ser muchas personas a la vez. Nadie puede.

Hablando nos enredamos en el otro sin pensarlo, como en una trenza. Nos escuchamos no con mucha atención, un poco en nuestro mundo pero otro poco en el del otro. Podemos visitarnos por momentos, gracias a que prestamos algo nuestro, solo en ese momento, cuando rompemos el silencio.